Guillermo Zuluaga Ceballos
Dos asuntos puedes descubrir si llegas a Marinilla, sin los afanes de estos tiempos y las agendas decididas previamente en agencias turísticas:
Que la Norandina y la Grillo pueden ser las únicas ranas en el mundo con piscina propia; y que allí se encuentra uno de los pocos lugares del mundo donde te reciben con helado de mazamorra.
Parece un cuento más de estos marinillos comerciantes y rezanderos, capaces de vender una mentira con garantía, pero no hay tal. Bastará dejarse llevar unos siete kilómetros más allá de su parque, por una carretera en medio de geométricos cultivos de hortalizas, y llegar hasta Cannúa, un hotel literalmente perdido entre vegetación verde botella en las laderas de la vereda Gaviria.
Y entonces, si te animas, entenderás que el turismo y el cuidado de Natura son tan compatibles como la mismísima mazamorra paisa y el berrugate, del Pacífico, servido en mantequilla de maracuyá, con que te atienden.
Porque Cannúa es deleite para los sentidos. Pero no esa sensación momentánea que te roza y pasa. Allí intentan que logres una inmersión total con la naturaleza, pues este proyecto, y así te lo hacen saber, está basado en la Permacultura, filosofía que busca que volvamos a la tierra. Que se basa en observación, en ser parte y no dueños de la tierra.
“Después de la Revolución Industrial nos decidimos dueños y destruimos el 80% de nuestros recursos naturales”, comienza a explicarte muy de entrada, Santiago Giraldo, socio y gerente de este ecohotel. “Entonces en los años 80 del siglo XX nace en Australia esta apuesta que busca conectar de nuevo con la tierra. Mezclar comunidad, naturaleza y economía; y es lo que queremos en Cannúa”. Tan claro han tenido eso de adaptarse y alinearse con la tierra, desde que se pensó este proyecto por allá en el 2015, que su mismo nombre da una idea.
“El nombre viene Cani, o canú, la rama del árbol que más crece, para algunos pueblos Caribe, y ese era poder. Y el concepto Nuga can o nua can: conjugación del verbo Ser: es de una tribu del norte del Amazonas; entonces, Cannúa es eso: el poder de estar presentes en el territorio”.
Dice Santiago, tipo joven, de trato amable, cabellos rastas con más pinta de ir a un toque de reague, que de empresario; y agrega que el logo es una flor, con lo cual simbolizan que Colombia está floreciendo para un turismo responsable. “Todos los gobiernos le apuestan al turismo: solo que este le da más fuerza a la naturaleza, a la Vida. Y tenemos que creer en nosotros como país”. Te suena interesante, por supuesto. En Cannúa tienes a tu disposición 18 habitaciones, 10 en la construcción principal, una aireada y ampulosa mole de tres plantas; y 8 cabañas que se cuelgan en medio de un pequeño monte de chagualos, carboneros, uvitos, chilcos y sietecueros entre otras plantas nativas. “Cuando empezamos había 50 especies de aves. Ya van más de 100 visitas, según nos dicen fotógrafos que vienen”, dice Santiago como una forma de valorar el cuidado por la vegetación y la biodiversidad.
Además de las confortables habitaciones con amplios ventanales desde donde se divisan en lontananza las montañas de El Santuario, El Peñol, El Carmen de Viboral, Cocorná, podrás tener un restaurante, listado entre los mejores de alta cocina en Antioquia; disfrutar del arte y la meditación, eventos como Catas de ron, de vinos, café, y chocolate, charlas de Permacultura, masajes; y desde allí recorridos por la vereda, o a pueblos cercanos, algunos por caminos de herradura.
El máximo que se recibe es 40 personas, “para no cansar a la montaña, ni al ambiente ni a la comunidad”, comenta Giraldo, y agrega que la construcción de Cannúa, fue coherente con esta búsqueda:
“No somos 100 por ciento con materiales de la tierra, pero sí buscamos mitigar los impactos negativos contra el medio ambiente, y por eso la construcción se hizo con materiales propios: excavamos y sacamos 150 toneladas de tierra para los ladrillos, que realmente son tapia y bahareque modernizados”.
Los 125 mil ladrillos que sostienen las paredes de Cannúa fueron fabricados allí mismo. Y las tejas de barro traídas de canteras del oriente –de segunda, incluso, porque son más resistentes que las nuevas –explica Santiago. Hubieran querido lo mismo con la guadua que soporta techos y paredes, pero como en Antioquia no tenemos tradición guaduera¸ fue traída del Quindío. “Usamos concreto, metal, pero tratamos de balancear. Y cuando hicimos la decoración, buscamos que fuera colombiana, con motivos indígenas, pues queremos resaltar nuestras tradiciones”.
Cannúa es derroche de sensaciones que te entran por los sentidos. Y quizá el más mimado sea el del gusto. Aquí te ofrecen unaexperiencia distinta en la comida. El restaurante es un crisol de sabores colombianos: por mencionar algo de la carta sobresale la Espuma de auyamín (a cambio de sopa) y batata, con chocolate blanco, y los ñoquis de plátano. No verás carnes de res ni de cerdo, pero sí el pollo y el pescado traído de las costas colombianas, y el cordero y el conejo. Pero también te ofrecen paleta de mazamorra (ese postre de sobremesa, tan nuestro, que nos sabe a maíz garrapiñado y a nostalgia) al que le adicionan dulce de arequipe, de guayaba.
“En Cannúa todo se usa, hasta sus hojas y sus flores –comenta Santiago, quien se siente en su salsa hablando del tema-: aquí usamos Plantas Alimenticias No Convencionales, y a los visitantes enseñamos a comer flores, pues .solo nos comemos el 5% de nuestras plantas, y creemos que el resto no es comestible, y eso es un error”.
Mucho de lo que consumas en Cannúa, seguramente se siembra ahí mismo. Con decir que hacen experimentos que ayudan al medio ambiente, como por ejemplo la siembra de los populares frijoles petacos, con lo cual de paso están atacando el Ojo de poeta, especie invasiva.
“Vimos que el frijol ahoga el ojo de poeta, y lo seca, entonces no se reproduce tanto. Va ganando la batalla. Además de que el petaco, es fuente de alimento y de nitrógeno para el suelo”.
Cannúa se vale y se nutre de lo que da la tierra. De hecho el hotel ocupa 12 hectáreas de las cuales nueve son monte que ya estaba, con especies nativas de clima frío, y otras están sembradas con hortalizas y plantas que se consumen en el hotel. Cannúa también se vale de lo propio, en cuanto muchos productos son de la vereda: como ejemplo, los visitantes participan de la transformación de los quesos, y tienen la oportunidad de visitar una finca vecina donde están en el ordeño, luego del proceso de cuajado de la leche, hasta tener el queso en sus manos. En eso de la Permacultura saben que si un proyecto no involucra a la comunidad cercana, seguramente esa pata de la mesa cojea.
“En el campo faltan oportunidades. Hay que llegar con presencia formal: educación, sueldos, apoyo comunitario,… de hecho estamos montando una Fundación para ayudar a los procesos con la gente. Comunidad, medio ambiente y economía garantiza la sostenibilidad, si los tres no se conjugan es discurso”.
Quizá, Cannúa es el resultado de la mirada de su gerente, un rara avis en estos tiempos, de gerentes al lado de la registradora extasiándose en el tintineo de las monedas. Santiago –descendiente de cocornenses- es Filósofo de la Universidad de Antioquia, con Estudios en Turismo en Argentina y Brasil, políglota y viajero.
“Me había ido afuera, y los extranjeros que ya no ven a Colombia como un problema, me hicieron enamorar de nuevo del país”.
Valga decir que la ocupación del hotel es un 80 por ciento de extranjeros y 20 restante de colombianos. Un poco como es la inversión en el hotel: un 80-90 por ciento extranjera, debido a que Santiago fue lo suficientemente terco para venderles esta idea de turismo responsable y en armonía con el entorno.
Aunque él no se siente un hombre del gremio. Filósofo, dice que llegó al turismo por error. “Igual la Filosofía me llevó a crearme mi propio pensamiento. Poder conceptualizar este hotel es el resultado”.
Tanto por ver, por sentir, por degustar, por palpar, por…
oír en Cannúa. Santiago dice que los extranjeros se alegran con el croar de las ranas y cuenta una historia un poco macondiana:
“Esta zona es muy fría pero queríamos una piscina natural, sin químicos, con recirculación de aguas, con filtros, oxigenada. Y mientras construíamos descubrimos esa ranita negra y roja -Norandina, (Aninobates Opisthomelas)- y decidimos que les dejaríamos esa piscina para que se reprodujeran, con los sapos. Luego aparecería otra, la rana grillo enana (dendropsophus).
Terminaron ganando. “Ahora recibimos más gente interesada en la misma rana que en venir a meterse a una piscina. Desde el restaurante se siente ese concierto de ranas en la noche, a los extranjeras les gusta”.
Así es Cannúa, alejarse un poco de los convencionalismos, dejar que la Vida fluya, y lo que de la Vida fluya: Cannpua es una apuesta por vender Colombia como destino de naturaleza, de lujo en el mundo. Ya National Geographic los destacó como uno de los mejores 13 hoteles verdes del mundo.
Hay tantas razones, pues, para que llegues a Cannúa. Santiago, filosofa y las resume:
“Dejar los afanes, afuera. Reconectarte con vos, con la Naturaleza. Queremos inspirarte a vivir.”.
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