EN GUADALUPE, CAFÉ CON AROMA… MÍSTICO

Cuando habla de sus frutos lo hace con tanto entusiasmo y convicción que uno alcanza a imaginarse muchos productos y no simplemente granos de café.

Moisés Rodríguez  Parra es un campesino entrado en sus cuarentas, de manos gruesas, palabras firmes y profundas creencias religiosas. Es habitante de la vereda San Basilio abajo, de Guadalupe,  municipio que se pierde entre los pliegues montañosos del Norte en el departamento de Antioquia.

Es el representante legal de Asoagronorte, pequeña agremiación de productores de esta localidad, que desde 2017 se esfuerza por ayudar a proyectar el café a nivel regional, e incluso como él dice con optimismo “a nivel internacional”.  

Hace un tiempo tuve el gusto de probar este café al otro lado de la cordillera, me gustó su sabor acre, algo ácido, de grano que madura lento,  y cuando me contaron su procedencia en un pueblo más asociado a la generación de energía eléctrica que a “los cafés especiales”,  o “de origen”, la curiosidad de reportero me llevó al Norte y encontré con que había sido sembrado, molido, empacado y distribuido por las manos callosas pero nobles y solidarias de este campesino,  Moisés Rodríguez quien, con su esposa María Virginia  Zapata y Yeferson, su hijo de 17 años, se dedica a estas labores.

Y hay algo que hace interesante el café que se envía desde estas montañas templadas. Estos  granos de café se logran con producción limpia y “su sello” consiste en el cuidado minucioso que tienen desde la preparación de los terrenos hasta el mismo secado y trillado en la vereda. “Pero también nos preocupamos por el medio ambiente, hacemos tratamiento de aguas mieles, y sembramos y cuidamos los árboles”, dice Moisés, con extraña mezcla de humildad y  orgullo por lo que hace.  

Además, este café madeinguadalupe  fue iniciativa propia de estos campesinos quienes asistieron a capacitaciones y tomaron la decisión de no seguir entregando todo el producido sino comenzar un proceso para darle un valor agregado a sus granos y buscar la forma de comercializarlo. De eso se encarga Asoagronorte, misma que ya está registrada, ya tiene como meta crecer su número de agremiados entre los más de 600 productores en Guadalupe. “La gente aún no cree del todo en las agremiaciones”, dice Moisés.  Y   este es el principal reto, pues él entiende que en la unión está la fuerza.

Así que, al tiempo que sigue produciendo café allá en su San Basilio, y distribuye en algunos locales comerciales del pueblo,  lucha por fortalecerla y para eso recibe capacitaciones, asiste a charlas sobre emprendimiento y muchos mensajes que le envían desde la Cámara de Comercio, en especial desde la oficina del Norte de Antioquia.

 (Moisés le pregunta a la chica del local al lado del templo y ella dice que los clientes les agrada mucho, y él se sonríe tímidamente). Entonces, sabedor de la acogida del producto, dice que espera que   muchas más personas prueben este café  traído desde las fincas la Montaña y Congolera, en San Basilio. Y con cierta humildad agrega que aún no tiene un nombre para un café que distribuye en bolsas limpias y bien selladas -no va y pierda su aroma. Moisés por estos días busca una marca, y le gustaría un nombre que hable de su pueblo -claro- tutelado por la de Guadalupe.  Eso sí, enfatiza que en la marca tiene que ir la siguiente frase: “De la mano del Señor trabajamos con amor”.

Guadalupe, un pueblo que ya vivió sus noches negras, sus días de nubarrones, degusta ahora esta minibonanza con los precios del grano y sigue creciendo como productor de café.  Y Moisés dice que espera que Asoagronorte en cinco años crezca, para que crezcan como personas los asociados, y logren  un gran centro de transformación del grano, y  así muchos más degusten este café  y  su  aroma, impregne el desarrollo para él y sus paisanos en estas montañas de Antioquia.

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