En ese lugar te ofrecen La montaña mágica, Las selvas negras y Las noches blancas.
Y de aceptarlos, no te entregarán, en este caso, un libro, sino tortas o alfajores.
Porque el lugar es distinto. Se llama SACE y es una repostería ubicada en una de las esquinas, cerca del templo parroquial de la muy coqueta y colonial Carolina del Príncipe.
Y claro, allí prefiere hablarse de libros. Entonces uno no sabe si es una repostería con libros, o una librería con postres y pasteles. Lo cierto es que aquí se venden excelentes tortas, helados, por supuesto café. No obstante, lo que hace interesante este lugar es que se disfruta comiendo y también aprendiendo. ¿Sabor y saber van de la mano? Vaya uno a saber. Vaya uno a Sace.

El local está abierto durante todo el día y algunas horas de la noche y si tienes suerte a lo mejor te reciba María del Pilar Velásquez, su propietaria, una educadora que nunca ha dejado de serlo. Una mujer catarata de palabras, de frases, de citas, de libros. Porque esta repostería tiene una especialidad y es que allí se va a conversar, pero además se va a entretenerse.

María del Pilar se presenta y se define como “eterna maestra” y en efecto lo es. Docente por muchos años en Medellín -maestra- sabía que tenía que prepararse y entonces viajó a estudiar, a llenarse de mundo, y además de pedagoga, logró una maestría en Literatura.
Mientras sirve un café y trae pequeñas delicias preparadas en su repostería, generosa, María del Pilar cuenta que este proyecto llegó al cumplir sus 50. En esos días se hacía preguntas y reflexionaba, y fruto de esas reflexiones quedaron en Cuando llega el ocaso, libro en el que intentó decir que todo no acaba ahí. Que al contrario en esa edad no hay descenso en la vida, sino que es en el momento en que los seres humanos, en su cenit, tienen la pausa y la capacidad de mirar todo con calma.
Y entonces cuando llegó su jubilación supo que no quería detener ahí su vida pues ella es una mujer que, como se ha definido siempre, quiere estar enseñando. Y luego en algún viaje de fin de semana con su esposo Oscar Darío Granda, economista pensionado también él, llegaron a Carolina. Y caminando entre esas calles coloniales, de tejados de barro, ventanales de madera, de haciendas verdes a las afueras, y de tanto silencio, pensaron que ahí querían seguir con su proyecto de vida. Y nació Sace -acrónimo de los nombres de sus dos hijas, ambas profesionales ya.
María del Pilar con su esposo pudieron aquí comenzar a realizar los dos placeres que más disfrutan: enseñar y comer. Sace es eso: mezcla de libros y de sabores. Y dice que eso es lo que la hace distinta. “Si tuviera solo repostería no sería tan divertido; si tuviera solo libros, tampoco -dice y sonríe por cuarta quinta vez-. La mezcla es lo que la hace interesante”.
Dice María del Pilar que a ella le gusta trabajar con niños. Eso dice ¡como si hiciera falta que lo dijera!

Así, desde que empezó, Sace mezcla postres y bocadillos con pasatiempos, juegos, tertulias literarias, actividades con la comunidad. “Todo eso que se puede hacer en el ocaso, sin afanes”, dice. Y le gusta cuando oye que la gente comenta que “allá se puede conversar y comer rico”.
Y haciendo, haciendo, probando, nació una torta con la cual participó en el Encuentro Subregional de panaderías y reposterías del Norte de Antioquia, organizado por la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, en septiembre de 2024; una receta hecha de zucchini, chocolate y nueces. Esta delicia ocupó el segundo puesto y luego en un concurso local se llevaría el primero.
Resultar ganador la hizo muy feliz -bastaría ver su sonrisa mientras lo cuenta- pero también dice que le ha generado algunas bilis pues hay gente que se molesta. “Imagínate: ¡que les dé las recetas! sabiendo que son mi creación, porque nuestros postres son pensados. Además, yo estudié en Europa y traemos combinaciones de otros lados y los probamos y los mezclamos con lo de aquí pues me interesa mostrar que aquí también se puede comer rico”. Orgullosa, María del Pilar cuenta todo esto y es fácil creerle. A ella le encanta llegar a su repostería pues allí siente que está aportando y también que se renueva.
“Todo en Sace tiene que ser una razón para venir; por el concepto propio y porque esto es mi proyecto de vida. Yo amo a venir aquí y cuando veo filas afuera me encanta pues yo sé que la gente no siempre viene a comer sino también a jugar, a pasar el tiempo”. Eso dice tan convincente:
“No te invito a un lugar, sino a un concepto, a un espacio para conversar y para disfrutar”.
En Sace tienen claro que la repostería y literatura se parecen mucho pues ambas son creación, pero también son lentitud, paciencia. Más paciencia.
A veces, a veces las mezclas no salen.
La que sí salió fue una mezcla con la librería Grammata, de Medellín, con la que organizaron en febrero de este año, el primer Festival de la lectura y la cultura del norte de Antioquia, con invitados internacionales y pabellón de libros. La gente compartió con autores, compró libros, escucho voces. Y seguramente se repita.
Dice María del Pilar que ella ahí con su esposo seguirán porque se sienten muy contentos y que últimamente han leído libros con la gente y también que pusieron en un taller a escribir cartas y le pareció lindo ver a los habitantes de su pueblo devolverse a esa época en que la gente se escribía y vivía esa ansiedad por responder. “En estos afanes hemos perdido el hábito de hablar. Ya todo se reduce a un email a un mensaje y yo no quisiera que eso ocurra; quiero conseguir sobres para que sea más real, volver a algo tan personal como escribirle a alguien”.
Y enseguida apunta que le encantan los procesos. Y entonces uno se pregunta si habla de preparación de postres o de una tertulia literaria. Y se cae en cuenta que para ella al fin es lo mismo:
“Soy convencida de los procesos. No es importante el proyecto sino el proceso.
Ese te retroalimenta. Madura. Crea algo con sentido. Porque aquí no vendemos. Aquí hay repostería y arte en el sentido de la palabra”.