
Esta semana cuando se dijo que la cadena radial RCN saldría del aire, al principio me generó un poco de alegría. Me traicionó el “muyconciente” y pensé en “Radio Casa de Nariño”, como la rebautizaron sus malquerientes, para mofarse de la poca credibilidad en lo que se informaba y se opinaba en esta otrora gran Radio Cadena Nacional.
Digo -,pues, con algo de vergüenza, que por unos segundos sentí un “fresquito” al saber que tanta información tendenciosa, tan favorecedora de un espectro político y económico, dejaría de emitir. Pero fue demasiado breve esa sensación pues pronto caí en cuenta que esas tres letras RCN, también podrían significar para mí: Recuerdos Con Nostalgia.
Claro, porque pienso en RCN y a mi mente llegan momentos de tres años muy importantes en mi vida cuando tuve el gusto de trabajar, por breves periodos, en esta cadena radial en Medellín, y ahí, siendo un recién egresado de la Universidad, seguí idealizando más y más mi oficio. En las cabinas y la sala de redacción de RCN pude comenzar a formarme como reportero, uno de mis sueños de juventud.
En RCN tuve grandes enseñanzas: jamás olvidaré la primera mañana de lunes cuando el director, luego de que preparé una noticia sobre una reunión ocurrida el día anterior en un municipio, me llamó a un lado y me dijo: “una reunión ya realizada nunca será noticia, lo que es noticia son las conclusiones o decisiones tomadas. Mirá qué dijeron después”. Esa fue una de las primeras lecciones, en caliente, de este oficio de ser reportero en el que me iba convirtiendo. Allí comencé a descubrir que lo mío no era lo informativo, sino las historias y allá mismo, en RCN, pude destacarme un poco como cronista radial: la Copa América de fútbol en 2001 me dio interesantes motivos para realizar historias más allá de las canchas que tuvieron algún buen recibo entre los oyentes y mis compañeros. Ahí gané alguna confianza. Siempre tendré presente cuando alguna vez, el mismísimo director, el admirado Juan Gossaín -un mito en todas esas cabinas y en el medio radial en general- llamó a preguntar quién había realizado una crónica sobre un niño que resultó herido con un carro bomba puesto contra la sede de la fiscalía en el centro de Medellín. Yo le había gastado todo un día a construir esa historia, con la complicidad del director regional, y me alegré de saber que alguien tan importante en el periodismo había fijado sus sentidos hacia una crónica realizada por un desconocido en el mundo radial, y valga decir que al cabo fue seleccionada por RCN para enviarla a un concurso mundial de radio en Francia en el año 2003.

En RCN pude vivir lo que significaba la radio hasta hace unas dos décadas cuando por una cabina pasaba el país, la sociedad, el poder. Desde una sala de redacción se entiende, si se quiere, una Nación (A veces las amables y bien trajeadas chicas del Departamento de ventas, iban a la sala de redacción a sugerirnos temas…en fin).
Allá, mirando, oyendo, tuve la fortuna de conocer grandes colegas: recuerdo a Maribel -hábil reportera que lograba sacarle primicias a los poderosos más discretos; a Gabriel Jaime -el que sabía dónde ponían las garzas-; a Densy Osvaldo -una hormiguita para entregar noticias como autómata; y por supuesto al director, Jorge Eusebio, -un hombre difícil de imaginar sin un micrófono de radio- con quienes compartí y quienes me enseñaron. Cuando yo, minutos previos a una emisión del mediodía o vespertina sentía el traqueteo de esas máquinas de escribir a todo vapor, los miraba de soslayo con un poco de envidia y de admiración. Me gustaba ese momento y aunque sabía que estaba si acaso tres o cuatro semanas máximo, intentaba dejarme llevar por esa adrenalina que, si no la sientes -se dice- no estás preparado para el oficio, e intentaba imitarlos.
Pero más que mis anodinas remembranzas en primera persona, lo realmente triste es pensar que se apaga una nueva cadena de emisoras, y que con cada una de ellas silenciada, muchos colegas se quedarán sin sustento, y se apagarán muchas voces de este país diverso, multicultural. Y es muy triste para una sociedad, pues cada emisora que se cierra es la puerta que se cierra para poder seguir construyendo democracia y poder generar identidad en un país que a veces le cuesta reconocerse en sí mismo.
Recuerdo Con Nostalgia, pues, aquel paso. Pero en general, y lo digo como Historiador, es lamentable el cierre de RCN, pues con ella se irá yendo gran parte del legado sonoro de nuestro país: nuestras músicas, nuestros sonidos, nuestras voces que se han acumulado a lo largo de casi un siglo. RCN ha sido una emisora muy importante para las culturas colombianas. En estos días se dijo que en esta emisora cantó por última vez Carlos Gardel; también habría que decir que desde las cabinas de RCN se transmitieron vueltas a Colombia; cambios de gobierno; la tragedia de Armero y la del Eje Cafetero; las proezas de Cochise y de Pambelé cuando eran tan escasas nuestras hazañas deportivas; luego las primeras épicas de nuestro fútbol a finales de los años 80; y ni qué decir de esas voces desgarradas cuando nos contaban desde Europa la llegada de nuestros escarabajos a las cimas en los Alpes o los Pirineos; y también cuando se reverdeció este deporte a principios de este siglo con Nairo y cía.
Hablar de RCN es valorar que desde Medellín, se le contó primero a todo el mundo, que había muerto Pablo Escobar, el hombre más buscado, el criminal más peligroso. Se contó, pues, lo de Escobar, pero afortunadamente han sido más las noticias de las épicas de nuestros artistas y deportistas. Desde RCN se ha hablado de los días soleados y también de las noches negras de nuestro país.
Así que con algo de nostalgia y de tristeza, mi sensación de alegría por la desaparición afortunadamente se transformó rápido y terminé por aceptar que para nada es halagüeño saber que desaparece otra, como también en estos días lo hizo la HJCK, y más antecito otros medios; pues, vaya verdad de Perogrullo, si no fuera por estos grandes medios a lo mejor ni ustedes estuvieran leyendo esta nota ni yo hubiera tenido el deseo o necesidad de recordarla y luego de escribirla. Y nos vamos quedando sin voces que nos recuerden lo que hemos sido y nos animen a lo que seremos.
Excelente. Lo publicaré en mis redes . Me parece que lo que dices con poesía y nostalgia es cierto . Cada voz que se apaga es una mals noticia. A pesar de los pesares. Gracias