Textos y fotografías: José Guillermo Zuluaga Ceballos
Cuando le dijeron “Pueblo Blanco”, su mente la transportó a Popayán. Se imaginó tantas paredes, templos y templetes totalmente albos. A Alexandra le gusta puebliar, es senderista y le encanta visitar cascadas. Entonces pensó en que ya había conocido muchos pueblos y que sería interesante conocer uno más.
“Averigüé un poco y le dije a mi amiga que fuéramos el fin de semana y que además visitáramos a la Concha”. Atravesó el Valle de Aburrá, desde Caldas en el sur donde vive, llegó el domingo siguiente hasta la Terminal de Transporte y cuando le dijeron que San Vicente quedaba solo a una hora, decidió entonces, con su amiga, que irían solo hasta allí, que volverían a la tarde y que en otro viaje visitarían Concepción. Ese día recorrió las calles, fue a la plaza, entró al templo parroquial, almorzó, comió empanadas y se tomó un café en El Yopal, una cafetería del parque.
Alejandra Toro, administradora de empresas, es una de las centenares de personas que desde hace unos meses visita San Vicente, el pueblo Blanco de Antioquia, y dice que cuando llegó no se lo imaginó tan bonito.
“La gente que entra al local, coincide en que San Vicente está muy cambiado, que les gusta el parque, aunque tan pequeñito, y se sorprende con la amabilidad de la gente”, comenta Sergio Gallo, trabajador de El Yopal, y quien también una vez llegó a conocer a San Vicente, pero no se regresó el mismo día, y ya lleva doce años largos viviendo en las goteras del pueblo.
“Cuando me pensioné decidí que no quería estar más en Medellín, y me vine a la casa de una hermana que compró aquí; en ese momento era un típico pueblito con su plaza llena de toldos donde vendían frutas y uno hasta veía la carne colgando en ganchos”, comenta; pero al tiempo dice que se alegra porque con la renovación, el parque se llenó de niños en las tardes que juegan mientras sus padres se toman un café o una cerveza en las mesitas del parque.
“Desde que se hizo Pueblo Blanco (PB), y coincidiendo con pos-pandemia, las dinámicas cambiaron –agrega este egresado de Filosofía y lector consumado-. La gente de las veredas como que se queda ya en sus capillas los domingos y no sale, pero hasta los locales comerciales ahora llegan muchos visitantes”.
Y es cierto, hace un tiempo era más común ver mototaxistas llegando con vecinos desde la lejana Peñolcito o desde Montegrande, con campesinos apurando para misa de 12; ahora es más común ver el motociclista apeándose de su moderna BMW, que en caravana entró a San Vicente, de paso hacía Concepción o que se regresará a Medellín o Rionegro. Decenas de motos, carros particulares y buses de turismo buscan parqueadero en las estrechas calles sanvicentinas. El transporte público también ha sentido el cambio.
“Desde que se inauguró PB, ha aumentado el flujo de pasajeros hacia San Vicente,”, comenta Pascual Vanegas, gerente de Sotrasanvicente & Guatapé La Piedra. “A las taquillas de la terminal (del Norte) llegan preguntando por el tal pueblo blanco y desde Medellín tenemos un promedio de unos 100 pasajeros nuevos hacia SV cada fin de semana”.
Fue lo que se soñó Yimi Giraldo Marín, alcalde municipal, cuando “se la metió toda” a sacar adelante este proyecto. No solo pintar -mera estética- sino que fuera motor que dinamizara la economía ante no muchas ofertas de empleo en San Vicente. “PB fue estrategia de posicionamiento del municipio para fortalecer emprendimientos y tener una marca local; además, que cuando estuviera la nueva plaza de mercado que sea un eje articulador del comercio sanvicentino”.
Y poco a poco se ha ido logrando.
“Cuando empezó PB llegaron muchos visitantes a San Vicente”, complementa Estefanía Serna García, administradora de Nevado frutal, un local que funciona donde antes estaba un bar de tangos.
Comenta que la gente llega y pregunta por los callejones, va se toma las fotos, entra al templo y se hace la selfie al lado de la Negra de la Pila. Ella quien además preside la Asociación de comerciantes de SVF, que arrancó este año y ya cuenta con más de 50 agremiados, dice que uno de sus retos es cada año hacer la Fiesta Blanca.
“La gente llega diciendo qué pueblo tan bonito, tan tranquilo y el clima tan rico”, dice Estefanía.
“Quisiéramos que continuara y se retomara el impulso con que empezó -. A San Vicente llegaron muchos turistas pero necesitamos que esto continué desde la administración actual, que sigan pintando más callejones y que se impulse a los empresarios que quieran invertir en infraestructura hotelera, comercial”.
Similar a ella, opina Sergio quien desde El Yopal oye que la gente se queja un poco por la falta de parqueaderos y de hoteles. “El día que se inauguró en agosto de 2023 los turistas estaban felices y preguntaban por hoteles y no teníamos para recomendarles, y es algo en lo que tenemos que pensar a futuro”, dice como si fuera un sanvicentino más.
“¿Sabe? –me pregunta o se pregunta Alexandra Toro-: Con San Vicente me pasó algo particular: me gustó mucho, en especial sus callejones. Y aunque no encontré los productos de aguacate, luego volví ya, hasta la Cascada de los Cachos; me pareció hermosa, con su paisaje y su ascenso entre vegetación”. “Y cuando puedo, recomiendo visitar San Vicente”.
San Vicente para Dummies
- Fundación: fue fundado en 1759 por José Ceballos Rojas y Eusebio Ceballos Rojas ¹.
- Está ubicado en la subregión Oriente del departamento de Antioquia, a 48 kilómetros de la ciudad de Medellín.
- En 2018, la población era de 22,093 habitantes, con 5,464 viviendo en zonas urbanas y 16,629 en zonas rurales.
La economía del municipio se basa en la agricultura, especialmente en la producción de frijol, papa, maíz, frutales de clima frío, hortalizas y aguacate.
San Vicente Ferrer celebra varias fiestas a lo largo del año, incluyendo las fiestas patronales de la Virgen de Chiquinquirá y la Virgen del Carmen en julio, y las tradicionales Fiestas de la Colina, en diciembre.
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