Ni tan niñas ni tan superpoderosas

Cómo decirlo sin decirlo….cómo no comparar con lo hecho en otro momento, con lo hecho por los otros. Cómo no cuestionar ciertos comportamientos de los poderosos, pero también cómo no hablar de ciertas formas que a veces evidencian un desdén…

Cómo no decir, sin embargo,  que la de Colombia  es la única selección suramericana que llegó a cuartos del Mundial;  de paso el  mayor logro de una selección  de esta parte del continente, en un torneo mundial. (Sumado, que recién,  la selección sub17  fue subcampeona del mundo, la sub20 llegó a cuartos del Mundial y la de mayores subcampeona de la Copa América). 

Y que mientras la selección de mayores masculina anda en cuentas rojas desde 2018, las Mujeres de la selección han ganado los Juegos Panamericanos y los clubes colombianos femeninos han llegado hasta cuartos en los torneos continentales.

Por todo ello,  en algunos espacios ya las nombran “las Superpoderosas”. “las del pundonor y las guevas que no ponen los hombres”,  como alaban otros.

Sin embargo la Selección llegó al Mundial de Australia,  un poco a regañadientes de la Fedefútbol colombiana.  Y por enfrentarse con la federación, algunas mujeres que arrancaron todo este proceso no hace ni seis años, se quedaron por fuera del elenco nacional.

A  pesar de sus resultados, muchas jugadoras siguen en pleitos con la Fedefutúbol y aún es improbable la realización del torneo profesional en este semestre de 2023. 

Y en general,  les toca lidiar con el señalamiento por supuestas orientaciones sexuales, y con acoso sexual; ah, y también enfrentan ya lo que muchos hombres: que les cobren por incluirlas en los equipos o en partidos clave -en esto como que sí ya comienza a haber equidad de género-.

Entonces desde el poder real, no las apoyan.

Y  desde el poder simbólico, las reducen a “lesbianas”; o son solamente las “niñas” de la Selección. 

Viene la comparación, irremediablemente: estás frente a una pantalla de un tv bien de madrugada viendo un partido de las Mujeres… quizá no se vean los desplazamientos tan largos de la pelota…la llevan más a ras de piso desde el saque de portería, pero casi siempre se nota actitud de ataque, de querer ganar, y por ello si hay una falta no se quedan haciendo teatro en el piso, sino que pronto se levantan a buscar de nuevo el balón. Quizá sea porque ellas saben que todo está por ganar. Aún están lejos  de esa zona de confort de los hombres con sus sueldotes, sus tatuajes, sus carros de alta gama, y sus modelos al lado. Las Mujeres de la selección, como en la vida,  andan buscando ganarse su espacio…finalmente el deporte es un espejo de las sociedades.

Las damas parece que aún juegan por gusto, por placer. Un poco lo del fútbol: que primero fue un juego luego un negocio. Ellas parecen aún en el disfrute del primero. La gente llama pundonor a su comportamiento, pero quizá no sea más que el deseo de jugar, que es en lo que andan tan concentradas. En que las dejen jugar tranquilas, y las apoyen, al menos algo.  

Y en la cancha se nota más compañerismo: la chica rubia va y abraza a la negra, la negra a la que tiene rasgos más indígenas, y todo parece más sincero. A lo mejor sea parecer pero el racismo no entra aún al gramado de las damas.

Sigue la comparación. El fútbol femenino parece más tranquilo. Las damas no miran tanto a la cámara. Y  dicen que en las gradas hay menos palabras de grueso calibre, y viendo desde la pantalla, parece como que quienes asisten  a verlas están en ese plan, de acompañarlas, y no en otro, como  de “pavonearse”,  más dado a  quienes asisten al de los varones.

Qué se puede aprender: sería la pregunta obligada, después de ver a las damas triunfando algo, ganándose el aprecio de tantos;  después de la comparación.

Los dirigentes quizá deban aceptar que hubo un poco de arrogancia en la forma como trataron a las chicas, y aprender de este episodio.  Y asimilar que nuestras mujeres también disfrutan el fútbol, lo saben jugar y demostraron profesionalismo. Entonces, en  vez de atacarlas,  aportar recursos, buscar aliados para un asunto que de todas formas ya es parte de la realidad. No sobraría si de paso incluyen a una mujer en la Junta directiva de la Federación; valdría decir que las mujeres suelen ser más eficientes en la administración  de los recursos.

Los aficionados, quizá entender que hay que respaldarlas más, yendo a los estadios, apoyando las marcas que las patrocinan a ellas, pero también bajándole un poco al folclorismo y a la emotividad, asuntos que no debemos copiar de lo ya vivido con los hombres: no verlas tan súper poderosas pues aún hay mucho camino por recorrer.

Los periodistas deportivos quizá llenar de significados la irrupción de las mujeres en un deporte que ha sido entre machos, y  ayudar a enriquecer el lenguaje: no se trata de llamarlas “niñas” en una actitud un poco sobreprotectora o infantilista; ni tampoco  ponderarlas al extremo  -un poco por ser  políticamente correctos-.

Quizá todos, entender  que finalmente, si bien se ha logrado algo en el campo suramericano, en el tú a tú con las europeas aún está todo por hacer.    

Recientemente  en una entrevista radial oía a una jugadora de la Selección hacer énfasis en lo biológico, y señalaba cómo el temor porque su periodo menstrual llegara en esos partidos, conducía a una ansiedad que  a su vez  llevaba a que ese fenómeno tan natural en ellas, se diera en partidos clave,  y que este las hacía más vulnerables a posibles lesiones….el periodista se sentía un poco abrumado ante esos temas: el fútbol entonces hacía entender asuntos  tan importantes para ellas, que en otros contextos de pronto no hubiera conocido.

Para todos entonces el reto en general será aceptar que no son ni más que los hombres ni menos: habrá simplemente  que aceptar que ellas son distintas. Y así hay que tratarlas. Pero eso es todo un proceso de aprender o  de desaprender. Como el que ellas llevan ya, ganándose un gran pedazo de la cancha en la que antes solo jugábamos los hombres.

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