Personajes

En un Rincón del alma

En el libro “Empatamos 6 a 0”, quedó dicho que el fútbol más que un mero deporte es un fenómeno social, cultural, en tanto genera imaginarios, marca recuerdos, plantea mundos irreales. Y en ese campo de juego, el del fútbol como fenómeno cultural, podría inscribirse la fecha 19 de junio del año 1990. Este era un martes más, un día gris, opaco, o por menos ese es el momento y el ambiente que recuerdo. Pasaba yo las vacaciones de mitad de año en la finca de mis abuelos, y en el campo no hay tiempo para perder como dirían los viejos, y esa mañana él me había pedido lo acompañara en la huerta, a aporcar unas matas de frijol.  Le dije que claro, que lo haría gustoso, pero que por favor viéramos el partido de Colombia contra Alemania que se enfrentaban esa mañana, en el Mundial de fútbol. El viejo, campesino a la final, no era muy amante de los deportes y sin embargo aceptó que lo viéramos porque también él, que vivía tan pendiente de la actualidad en su radio o de las noticias en el televisor, algo ya se animaba con esa fiesta a la cual Colombia asistía después de 28 años. Vimos el partido y él lo acompañaba de sus Pielrojas, esos cigarrillos que nunca le faltaban, y también de uno o dos comentarios sobre la Selección Colombia que se jugó un grandioso partido.  

Y estuvo contento viéndolo casi hasta el final cuando ya en los momentos agónicos Alemania hizo el gol y entonces salió para la huerta y me dijo: ya ahí no hay más que ver, termine de verlo y me alcanza…

 Me quedé esos últimos minutos y nunca olvidaré cuando esas zancadas de flamingo de Freddy Rincón terminaron en un inteligente gol. No tuve con quién celebrarlo, pero luego salí feliz para la huerta a encontrarme con mi abuelo y le dije que Colombia había empatado. Al principio, el viejo no podía creer. Y siguió aporcando el frijol. Luego me preguntó cuándo volvería a jugar Colombia.

Fredy Rincón, Alemania - Colombia 1990

Ese día pese a lo anodino de mi lugar en la geografía, y aunque sin quien comentarlo y seguir rumiando esa jugada, yo estaba alegre.  Millones de Colombianos, como ese chico que era yo, se sentían orgullosos de serlo.  No era para menos.  Era de verdad un momento increíble, de esos que está hecho el fútbol: irracionales, increíbles, simbólicos, que a veces la mente no alcanza asimilar.

El gol de Freddy Rincón tuvo muchos elementos.  Lo primero: Mirado desde la historia, Colombia rompía una racha de 28 años sin jugar un mundial de fútbol, y el partido ganado fue un poco predecible. Pero este, ante la encopetada Alemania era la posibilidad de sacudirnos, de dejar de pensar en ese empate 4-4 frente a Rusia en el 62… marcador incierto para muchos que no lo vivimos, que lo creíamos como un acto de fe, pero que no le dábamos la dimensión de lo que, nos decían, significaba. En cambio, este gol, la mayoría de colombianos pudimos asistir:  porque gracias a la televisión, el fútbol y los mundiales comenzaban a ser parte de nuestra cotidianidad.

Desde lo social, el gol de Freddy Rincón es quizá uno de los momentos más importantes en la historia contemporánea colombiana.  No solo de la deportiva, sino en general porque Colombia en esos días vivía momentos muy difíciles, aciagos. El país estaba en el punto más álgido del narcotráfico.  No teníamos un proyecto colectivo como nación, el país sobreaguaba en una crisis de institucionalidad y se sentía un Estado fragmentado y de pronto… ese gol de Freddy Rincón nos cobijaba a todos como colombianos; ese día nos pusimos todos esa camiseta número 19, que él llevaba, y nos sentimos parte, nos abrazamos todos en esa euforia que significaba ser parte del mundo: porque cada 4 años, el mundo es el mundial de fútbol. No hay otro. Ahí se rompen las fronteras económicas, sociales, ideológicas, ese día nos sentimos igual de importantes a los alemanes, con todo y su dinero, con todo y su pasado, con todo y su cultura. Nos mirábamos de tu a tú.

Qué Tercer Reich ni qué Prusias.

Y todo eso lo posibilitó ese negro de piernas largas, de piernas de flamenco que se tornaron al tiempo dos postes para llegar y enfrentar la férrea defensa alemana, romperla y marcar uno de los goles más importantes. Un año después otro muro de Berlín se iba al piso.

El fútbol y sus simbologías y representaciones.

En todo eso he pensado esta semana tras el accidente y muerte de Freddy Rincón.  Su gol nos puso a soñar, a quitarnos por un rato el complejo de colombianos: el estigma de sudacas y narcos.  Hoy la tristeza nos embarga. Freddy Rincón se une la lista de deportistas colombianos y latinoamericanos que han muerto en circunstancias muy ajenas a su rol, a su prestigio.   Deportistas que lo dieron todo en la cancha pero que cuando terminaron su partido, ese “tercer tiempo”, les ha costado mucho asimilarlo, vivirlo.

Freddy Rincón se va.  Nos deja sus goles, sus gambetas, su sonrisa ampulosa de 40 dientes. Lo extrañaremos y siempre valoraremos su gran gol y todos los otros que marcó pues él dejó hasta la última gota de sudor cuando se enfundaba una casaca, en especial la de Colombia. Con él se va otro pedazo de nuestras mocedades. Su sonrisa quedó tatuada en un Rincón del alma.

n9.cl/lvefv2

“MAMÁ ES LA ÚNICA QUE HA INFLUENCIADO MIS EQUIPOS”

Imagen por Felipe Loaiza

Reinaldo Rueda

El hombre que pudo degustar a grandes sorbos la Copa que todo director técnico en Suramérica quisiera, simplemente se limitó a cogerla y tomar un trago. Terminaba el partido que definía el título de la Copa Libertadores de América, y entonces, Reinaldo Rueda, timonel del Atlético Nacional, levantó su mirada al negro firmamento que comenzaba a desgarrarse con luces de colores, pensó en su difunto padre, y se dirigió al camerino. “La Libertadores la celebré con un sorbito de champaña que me entregó el doctor (Carlos José) Ardila en un vaso desechable, y después de rodillas di gracias a Dios. No quise estar en la fiesta, y me fui a dormir porque a la mañana siguiente tenía compromisos con medios naciones e internacionales”.

Ocurrió en julio de 2016 y esa actitud explica mejor que todo y que nada el talante de Reinaldo Rueda Rivera. “Esa noche casi no duermo. Tantos momentos pasándoseme por la cabeza, ante todo pensando en mi familia”.

Ese miércoles de julio, Rueda lograba su mayor éxito deportivo. Sin embargo, hay que decir que es uno de los técnicos colombianos más ganadores: único colombiano en dirigir selecciones en cinco mundiales; campeón del Torneo Esperanzas de Toulon; tercer puesto en un Mundial sub20; campeón del torneo 2016 con Atlético Nacional y Campeón de la Copa Libertadores de América.

“Dios nos ayudó. Se conjugaron todos los factores pese a inicio difícil pues a dos meses de mi llegada nos eliminó Junior, de la Copa Colombia y todavía (Víctor) Marulanda me cobra esos 800 millones de la taquilla que no recibió. Esto es un negocio. Teníamos que avanzar más, me decía”.

Rueda saboreaba las mieles del triunfo, las mismas que cristalizaron tras un camino emprendido hace casi cuatro décadas. A sus 59 años, es un hombre que vivecometranspirarespiraduermesueñavivecometranspirarespira… fútbol.

Y cuando no está en el fútbol, entonces ve videos de fútbol o lee…un buen libro…de fútbol.

Es el mismo Reinaldo que desde la raya se ve calmado y parece huraño; que tiene fama de calmado, de “no despeinarse” mientras dirige. Pero es el mismo que cuando empieza a hablar de fútbol o de su vida, pinta sonrisas en su rostro cobrizo.

Es el mismo Reinaldo de orígenes humildes que sin embargo se ha dado el lujo de que Sir Alex Ferguson le haya preparado café y le haya prestado ropa a él y a su hijo para asistir a un entrenamiento del M.U.

Es el mismísimo “gomoso” que tuvo media docena de cámaras fotográficas y colecciona camisetas de equipos que ha dirigido y que dice que la camiseta que más quiere es una del Estrella Roja de Bucarest.

El que se molesta cuando la hinchada chifla un jugador debutante, pero que también admite sin pudores que una mujer –solo una- le influencia sus alineaciones.

Antes de ser el exitoso campeón, Rueda fue un chico que como muchos de sus generación soñó con ser fútbolista profesional. Nació en el muy populoso Barrio Obrero de Cali, aunque debido al oficio de profesora de su madre, Orfa Rivera, la familia se trasladó al cercano e industrial Yumbo. De allí, el peregrinaje los llevó a Barrancabermeja, pues su padre, Blas Rueda tuvo trabajo allí como transportador. Si bien en esta ciudad calurosa estuvo poco tiempo, le alcanzó para formarse pues allí –como una forma de fortalecer su identidad se hizo hincha del Deportivo Cali que le recordaba sus raíces natales y se afianzó como colombiano en tanto el vallenato tan propio desplazó un poco su amor por la caribeña salsa. Pocos años después regresó a Yumbo-oís, se matriculó para su secundaria, y alternó cátedras con la práctica del fútbol. A lo largo de la década de 1970 Rueda Rivera jugó en la Selección de su colegio, en la de su pueblo, en la de su universidad, en la de su Departamento pero pronto entendió que no triunfaría como profesional; sin embargo, como él dice “Para esos años ya el fútbol me había ganado”, y vio en la Academia una posibilidad de seguir vinculado al balompié. Se matriculó en el programa de Educación Física y Deportes de la Universidad del Valle, donde tuvo la fortuna de recibir clases con profesores alemanes que le despertaron el interés por el fútbol de ese país, último campeón del mundo.

El hombre que pudo degustar a grandes sorbos la Copa que todo director técnico en Suramérica quisiera, simplemente se limitó a cogerla y tomar un trago. Terminaba el partido que definía el título de la Copa Libertadores de América, y entonces, Reinaldo Rueda, timonel del Atlético Nacional, levantó su mirada al negro firmamento que comenzaba a desgarrarse con luces de colores, pensó en su difunto padre, y se dirigió al camerino. “La Libertadores la celebré con un sorbito de champaña que me entregó el doctor (Carlos José) Ardila en un vaso desechable, y después de rodillas di gracias a Dios. No quise estar en la fiesta, y me fui a dormir porque a la mañana siguiente tenía compromisos con medios naciones e internacionales”.

Ocurrió en julio de 2016 y esa actitud explica mejor que todo y que nada el talante de Reinaldo Rueda Rivera. “Esa noche casi no duermo. Tantos momentos pasándoseme por la cabeza, ante todo pensando en mi familia”.

Ese miércoles de julio, Rueda lograba su mayor éxito deportivo. Sin embargo, hay que decir que es uno de los técnicos colombianos más ganadores: único colombiano en dirigir selecciones en cinco mundiales; campeón del Torneo Esperanzas de Toulon; tercer puesto en un Mundial sub20; campeón del torneo 2016 con Atlético Nacional y Campeón de la Copa Libertadores de América.

“Dios nos ayudó. Se conjugaron todos los factores pese a inicio difícil pues a dos meses de mi llegada nos eliminó Junior, de la Copa Colombia y todavía (Víctor) Marulanda me cobra esos 800 millones de la taquilla que no recibió. Esto es un negocio. Teníamos que avanzar más, me decía”.

Rueda saboreaba las mieles del triunfo, las mismas que cristalizaron tras un camino emprendido hace casi cuatro décadas. A sus 59 años, es un hombre que vivecometranspirarespiraduermesueñavivecometranspirarespira… fútbol.

Y cuando no está en el fútbol, entonces ve videos de fútbol o lee…un buen libro…de fútbol.

Es el mismo Reinaldo que desde la raya se ve calmado y parece huraño; que tiene fama de calmado, de “no despeinarse” mientras dirige. Pero es el mismo que cuando empieza a hablar de fútbol o de su vida, pinta sonrisas en su rostro cobrizo.

Es el mismo Reinaldo de orígenes humildes que sin embargo se ha dado el lujo de que Sir Alex Ferguson le haya preparado café y le haya prestado ropa a él y a su hijo para asistir a un entrenamiento del M.U.

Es el mismísimo “gomoso” que tuvo media docena de cámaras fotográficas y colecciona camisetas de equipos que ha dirigido y que dice que la camiseta que más quiere es una del Estrella Roja de Bucarest.

El que se molesta cuando la hinchada chifla un jugador debutante, pero que también admite sin pudores que una mujer –solo una- le influencia sus alineaciones.

Antes de ser el exitoso campeón, Rueda fue un chico que como muchos de sus generación soñó con ser fútbolista profesional. Nació en el muy populoso Barrio Obrero de Cali, aunque debido al oficio de profesora de su madre, Orfa Rivera, la familia se trasladó al cercano e industrial Yumbo. De allí, el peregrinaje los llevó a Barrancabermeja, pues su padre, Blas Rueda tuvo trabajo allí como transportador. Si bien en esta ciudad calurosa estuvo poco tiempo, le alcanzó para formarse pues allí –como una forma de fortalecer su identidad se hizo hincha del Deportivo Cali que le recordaba sus raíces natales y se afianzó como colombiano en tanto el vallenato tan propio desplazó un poco su amor por la caribeña salsa. Pocos años después regresó a Yumbo-oís, se matriculó para su secundaria, y alternó cátedras con la práctica del fútbol. A lo largo de la década de 1970 Rueda Rivera jugó en la Selección de su colegio, en la de su pueblo, en la de su universidad, en la de su Departamento pero pronto entendió que no triunfaría como profesional; sin embargo, como él dice “Para esos años ya el fútbol me había ganado”, y vio en la Academia una posibilidad de seguir vinculado al balompié. Se matriculó en el programa de Educación Física y Deportes de la Universidad del Valle, donde tuvo la fortuna de recibir clases con profesores alemanes que le despertaron el interés por el fútbol de ese país, último campeón del mundo.

Imagen por Felipe Loaiza

Reinaldo Rueda

Como acordeonista es un excelente hijo

“Rueda y Técnico es un único ser. Hay que confundirlos, y mezclarlos. No se puede conjugar al técnico y a la persona en paralelo. Es uno solo. Las condiciones humanas, su generosidad, su capacidad como intelectual y como hombre capacitado desde la bases y su experiencia como hombre que sabe qué es el barro y el camerino los tiene para el manejo del fútbol en el mundo competitivo” –se ha explayado Rouge Taborda, Director de Deportes de RCN en Medellín, y quien lo conoció desde sus primeros años en el equipo de Telecom.

Seguramente el popular Rougé tenga razón: el director técnico no pueda dejar al ser que es Rueda y este Rueda –sin ser- irse a la cancha. No obstante, sí vale la pena destacar algunos asuntos vitales que hacen parte de este adiestrador cuando se quita –raras veces-su uniforme sudadera.

Sobre Rueda se ha dicho que es un hombre respetuoso, amable, a quien los títulos no se le suben a la cabeza.

Y se ha dicho –lo ha dicho Pedro Antonio Zape- que sus éxitos se deben a que “es un sabio” y que enseña con su humildad.

Se comenta que es un hombre para quien la familia es lo primero. Y sobaría decirlo a sabiendas de que siempre ha estado casado con Genith Ruano y que sus tres hijos son su soporte emocional. Y sobraría decir pero no sobra que el perfil del wasap del teléfono de Reinaldo es una foto de una mujer anciana que reposa, con su piel cansada y sus canas y su vestido humilde en un modesto sofá. “Es la única mujer que ha influenciado mis alineaciones”, cuenta Rueda con una sonora carcajada.

Sobraría a estas alturas decir que es un amante del Vallenato, en especial de los temas setenteros de Alfredo Gutiérrez y del Binomio de Oro, y de los Corraleros de Majagual, y que cuando vivió en Alemania se compró un acordeón y que en las reuniones familiares intenta –intenta- interpretar La gota fría, del gran Emiliano Zuleta. Y que su hija le dice que mejor siga dedicado al fútbol.

Sobraría decir tanto de este Reinaldo Rueda pero no sobra.

Una mañana de lunes de abril, recién terminó un entreno en el oriente antioqueño, atendió a la revista Bocas:

Profesor Rueda, entonces al final, ¿hay uno o dos Reinaldos Rueda?

Cuando llegué a Nacional me di cuenta que tengo un doble, que ha estafado a incautos y hasta ha sobornado gente. Ha solicitado dinero en depósito por entrevistas, ha proyectado contratos con federaciones. Y sabe qué: está muy bien documentado. Sabe todo de mí.

Tiene perfiles en las redes sociales. El día de las Mujeres escribió algo en twiter una dedicación con unas palabras muy afectivas y románticas. Cuando se lo mostré a mi familia, mi hija menor se quedó sorprendida con la capacidad y sabe qué dijo:

¡Ojalá mi papá fuera capaz de escribir tan bonito!

Bueno, el real Reinaldo Rueda Rivera nació en Yumbo. ¿Qué le queda de esos años?

Nazco en el barrio Obrero, pero mi mamá era profesora en Yumbo y me lleva muy chico. Allá juego en el primer equipo del barrio y la selección del Colegio. Ahí nació mi amor por el fútbol en ese pueblo que cuando eso era muy pequeñito, con mucha pasión por Cali y América. Mucha rivalidad entre los dos equipos. Ya luego, mi padre nos lleva a Barrancabermeja, y allá nos identificaban como los Caleños” y entonces nos hicimos hinchas del Cali, campeón en 1965, y de ahí el afecto la admiración por el equipo.

¿De ahí también viene el amor por el Vallenato?

Claro. De esos años me quedó el amor por el vallenato –una de mis debilidades-. Desde cuando niño veía a mis tías cantando y yo las seguía; luego mi papá me regaló vallenatos. Veía pues en la casa y escuchaba a Escalona, a Los Corraleros, y todas esa música raspa…dicen que soy caleño atípico porque disfruto mucho el vallenato, más que la salsa.

Intenté aprender a tocar acordeón, uno que me compré en Alemania, pero soy medio sordo. Estuve con el Turco Gil en Valledupar intentando. Logré aprender algunas noticas, pero eso requiere disciplina. Pero bueno, lo disfruto y creo que los colombianos deberíamos sentirnos orgullosos de esa cultura del Vallenato, del sentimiento y de la nostalgia que expresan todas esas canciones…nuestra realidad. Soy poco fiestero pero soy muy nostálgico del vallenato viejo: El Binomio, Alfredo Gutiérrez, Los Corraleros…esos quedaron en el corazón mío, con esos me gustaría una fiestica.

¿Profesor Rueda, cómo termina estudiando en Alemania?

Mi sueño era Brasil por su fútbol. Parecía cerca. En el 75 tuve la oportunidad de participar en un seminario de FIFA y los expositores eran Parreira y José Bonetti, supervisor táctico y nos enseña todo lo que es la organización el fútbol brasileño y todo lo del título del 70, y por ahí nació mi sueño de querer ir a Brasil. Pero llega el “Convenio Colombo-Alemán” se fija en dos universidades: la de Antioquia por la investigación científica y la del Valle en docencia deportiva. Ahí me gana ese plan de estudios.

De Alemania sabía muy poco. Admiración por el fútbol, el Mundial del 70 cuando Beckenbauer jugaba con cabestrillo, luego campeona del 74 y saber que era una cultura lejana, idioma difícil. Pero tuve profesores alemanes, impregnándonos de su cultura.

Diez años después tuve la fortuna de una beca para un Posgrado en Entrenamiento Deportivo…Estando con Selecciones del Valle me mandan para Alemania. Los directivos determinan que me merezco esa oportunidad y con un directivo que estudio allá se hizo contacto. Allá me formé mejor como entrenador…fue algo que me cambió la vida y hoy disfrutó de todo eso que invertí en ese momento.

Cuando llegué allá a pesar de que había tenido profesora privada, vi que no sabía nada. El tutor me dijo que no podía ingresar porque no tenía fluidez, ni manejo del idioma y me mandó a hacer 600 horas de idioma…me matriculé en una Academia e hice todos los estudios con la ilusión de quedarme. Es un idioma que me gusta, a pesar de que loro viejo no aprende a hablar. (Risas).

Disfruté de su comida, su cultura, la historia, museos, cada que puedo me vuelo dos tres días, una semana. Tengo vínculos con colegas del fútbol, amigos…familias amigas. Tengo admiración por Alemania.

Bueno al regreso de Alemania se consolida su carrera como Director Técnico

Al regreso asumo la dirección de las selecciones del Valle, salimos campeones nacionales en las dos categorías, en el 92. En el 94 me ofrecen el Cortulua que acababa de ascender a primera. Empecé a trasferir todos esos conocimientos de 14 años …en ese equipo tres años durísimos, peleando siempre descenso con Bucaramanga, con Huila, con Cúcuta…sin nómina, vivíamos del patrocinio, de taquillas mínimas, con jugadores prestados de Nacional, de Medellín, de Cali, de América…fueron “mis años rurales” de mucho conocimiento…ahí empezó la pasión y el estrés de esta profesión.

Estando allá en el Cortulua, recuerdo que había un muchachito al que yo le decía que su puesto no era de centro delantero sino defensa centro…con los años ese muchachito, Mario Alberto Yepes, se consagró como Capitán de la Selección Colombia.

Ahora aquí en Nacional, les comparto esas experiencias a los jugadores, les digo que disfrutemos de las mieles porque muchos de ellos nacieron en esta cuna de oro; yo no, les digo. A mí me costó, mis inicios fueron con limitantes…pero que me endurecieron para lo que han sido estos treinta años de profesión

Luego viene el Cali, el Medellín,…mucha gente se pregunta por qué los dejaba adportas de sus títulos…

Asuntos del fútbol. Después de tres años en el Cortulua… viene el Cali, fue bonito, aprendizaje, proyecté jóvenes entre otros Mario Yepes…fue corto tiempo…y salí. Me iba por presión de resultados inmediatos, o relación con directivos, o cambios administrativos. Salí para la Selección que se preparaba para Toulón, Francia, y, vea, Cali salió campeón.

En 2002 llego al Medellín: fue como un sacrilegio un valluno en Medellín. Fue muy satisfactorio compartir con sus dirigentes, dio nostalgia, pero me fui porque me ofrecieron la Selección Colombia Juvenil y entonces me fui para ese proceso de Suramericano y de Mundial de Emiratos Árabes. Pero esos meses se sembró y quedó un gran hombre, nuestro asistente, Víctor Luna, quien siguió con esa labor y bueno, la satisfacción de ver que esa camada que dejamos salió campeona.

Y es bonito cuando uno camina por la ciudad, incluso hace poco celebrando la estrella 15 del Nacional, se me acercaban hinchas del Medellín a felicitarme. Me decían que me recuerdan con afecto por lo que me brindé en el equipo.

Usted impulsó a varios jugadores que luego serán clave en el título del Dim…

El primer partido que jugué con el Medellín fue un clásico en Estados Unidos contra Nacional. Qué baile le dimos a Nacional (sonríe) que contaba en ese entonces con Faustino Asprilla. Ese día lo recuerdo por algo especial: puse a jugar a David González pese a que era el cuarto o quinto arquero. Pero me llamaba la atención la serenidad de ese muchacho y en la charla técnica sorprendí diciendo que sería titular. ¿Y sabe algo más por lo que me acuerdo mucho? porque siempre los managers de los jugadores están felices cuando uno pone a jugar a sus muchachos y en este caso fue al revés: me llamó el representante y me dijo:

¡Cómo vas a quemar a ese muchacho! Y mire, hoy por hoy es uno de los arqueros más serios y exitosos de Colombia.

Bueno, cómo se da la llegada a la Selección de mayores

Por la crisis ante la falta de resultados. Y nosotros veníamos de ser terceros en Emiratos Árabes con Selección Sub20 y los directivos creyeron que esa generación había que proyectarla: Abel, Magnelly, Castrillón, Faucet, Arizala, Nájera…

Me ofrecen, veo un reto y asumo pese al mal momento y se nos va el Mundial por un punto. Fue durísimo. Luego seguimos porque el proyecto era Suráfrica 2010. Y se aborta todo… y quedé destrozado. Fueron meses física, sicológica y moralmente muy duros. Para mí y para la familia.

Y se abre la oportunidad de Honduras. Capítulo aparte. Y comienzo un camino: Honduras llevaba 28 años sin Mundial, mucho escepticismo pero hicimos trabajo con responsabilidad y mire…tan era para nosotros la ida al Mundial de 2010 que lo logramos con Honduras. Fue fotofinish difícil con Costa Rica… Fue mi primer Mundial con una Selección absoluta.

Se sacó la “espinita”, en un país sin tradición futbolística…

Tengo gran afecto por toda la sociedad hondureña. Porque al principio fue duro: por ser extranjero. Habían pasado argentinos, uruguayos hasta yugoslavos…llegar como colombianos era duro. Además el país vivía problemas sociales y económicos.

Y empecé a proyectar jóvenes. Ya había un ciclo cumplido de cuatro o cinco intentos a mundiales. Me adapté y nos fuimos yendo…

Y después fue imborrable todo: reconocimiento del Congreso de la República, la unión del país que venía de un momento difícil por lo del Golpe de Estado, y la Selección logró eso: gente que hacía tiempo no se veía, se abrazaba. Familias desunidas. Llorando en las calles y viene hasta al propuesta para darme nacionalidad y bueno, soy un Catracho más. Es un gran reconocimiento esa nacionalidad

¿Por qué no siguió allá?

Me ofrecieron dirigir Ecuador. Y me gustó por estar cerca a mis viejos, saber que Maturana, Bolillo, Suárez habían hecho un camino. Y de nuevo llegar a un país que tenía problemas con Colombia por lo de su invasión al espacio aéreo. Había rechazo hacia colombianos. No mas colombianos, decían. Se sentía en la calle el problema de Correa y de Uribe..Incluso se lo mencioné al doctor Chiriboga, que no era el momento, pero él confiaba mucho en los colombianos. Asumimos. Fue difícil. Ya esa generación gloriosa de Pacho y Bolillo estaba en sus últimos años y era cumplir con la meta del mundial pero había que hacer relevo.

Había escepticismo y no nos fue bien en Copa América en Argentina. Casi que casa por cárcel durante un mes, no podíamos salir porque me insultaban. El presidente Correa, respaldó la Federación y al cuerpo técnico. Siempre se lo agradeceré. Prácticamente ya estaba el reemplazo nombrado. Yo le dije a los muchachos: si somos obstáculo para que Ecuador clasifique pues nos vamos. Y aunque fue difícil nos quedamos y pudimos disfrutar del Mundial de Brasil.

Sintió un “tufito” de revancha cuando enfrentó a Colombia?

Ecuador ganó allá. Y Colombia aquí.

Nunca sentí espinita. Por eso ganamos. Menos contra los jugadores. Y fue acto bonito que el plantel en pleno vino al banco a abrazarnos. Ya nos conocíamos desde la Juvenil. Fue duro; veníamos de perder con Argentina en Buenos Aires, si perdíamos nos teníamos que ir.

Chucho Benítez que en paz descanse hizo el gol con que ganamos. Inclusive, en el partido allá, en el minuto 91 va a cobrar James, pero se adelanta Pabón cobra y la manda lejos….ufffffffff ¡Lo que es para uno! Pabón nos salvó. Jajajjajaja. Cuando viene por acá lo abrazo y le agradezco.

Después de ser un DT exitoso manejando seleccionados, porqué aceptó la dirección del Nacional?

Terminamos en Ecuador. Tuve otras posibilidades, pero llegó lo del Nacional y no lo dudé, pese al desafío por lo que hizo Osorio. Sabiendo que era la mayor empresa del país. Con infraestructura, nómina, con metas. Eso me motivó.

El sueño era la Copa, le decía a los jugadores que para ellos no era misterio ganar aquí. Que ellos eran Selección en potencia pues solo había dos extranjeros, …Armany y el Lobo.

Soñamos y Dios nos ayudó. Se conjugaron todos los factores pese a inicio difícil. A los dos meses nos eliminó Junior de Copa Colombia, todavía Marulanda me cobra esos 800 millones de la taquilla. (Risas)

O sea, no era fácil, más por lo que hizo Osorio. Peo después daba gusto verlos en la cancha y vino el ´titulo y luego la Copa.

Esa noche cuando ganamos la Copa pensé en mi papa. En mucha gente. Sentía un vacío extraño, estaba y no estaba. Momento de estrés, es que Independiente del Valle era equipo que había eliminado a grandes y no podíamos desconocerlo. Y nos complicó.

En el camerino me tomé un poquito de champaña en un vaso desechable. Así celebré. Y después de rodillas di gracias a Dios y me encerré en la pieza. Estaba liquidado, extenuado, no daba más y a recuperarnos. Dormí muy poco. Además había compromisos con medios. La noche fue muy corta.

¿Por qué siguió en Nacional ?

En diciembre en Japón terminaba mi contrato y decidí irme. No daba más. Lo pensé por asuntos de salud. La cadera no me daba. El doctor Ardila me pide que me quede, de La Cuesta, la afición. Jugadores.…todos. El afecto, la gratitud me llevó a decidir. El afecto traicionó a la razón que me decía que me fuera

¿Cómo recibió el reconocimiento de la France Fútbol como Mejor Técnico?

También lo del diario El País. Son momentos. Hicimos un trabajo grande. Es bonito por la profesión pero también por la familia, los nietos, los hijos…reconocimiento para los técnicos colombianos que son excelentes profesionales

Profesor, hablemos de técnicos que usted admira

Vicente del Bosque y Sir Alex Ferguson son mis referentes. Me han tratado superbién. Compartí con Ferguson en Manchester, gracias a Antonio Valencia…

Imagínese que lo visité un día después de perder la Final con el (Manchester) City. No, no me va a atender, pensé. Era la cita el primero de mayo de 2013. Me presento y en la puerta me dice una señora: el sr Ferguson lo está esperando. Abra la puerta.

Abrí la puerta, pensando que estaba al fondo y no, estaba ahí parado.

Saludo y le digo: discúlpame que no hablo bien el inglés.

Tranquilo, yo tampoco. No se preocupe. Y sonrió.

Ahí empezamos a conversar del partido de la final. Después me preguntó si deseaba café y le acepté. Pensé que lo prepararía alguna señora cuando él se levantó y él mismo me lo preparó. Qué tipo tan extraordinario, humilde, qué lección de vida. Me invitó enseguida a que nos quedáramos en el entreno, me prestó un saco a mí, y a hijo una gorra para el frio, después del entreno me invitó a almorzar. Luego del Mundial me mandó una carta ofreciendo excusas por la expulsión de Valencia ante Francia. Imagínese un hombre que lo ha ganado todo y tener esos detalles.

Y bueno, admiro a Vicente Del Bosque por su humildad, en el Real Madrid y en la Selección España.

Ah y a Sekularac, claro

¿De ahí viene su mote de “Seki Rueda”?

(Se ríe) otro asunto importante en mi vida: haber visto a Sekularak con Santa Fe y uno o dos partidos con América. Cuando estuve en Europa me fui con el profesor Popovich, a quien conocía, a Yugoslavia, y allá me encuentro que Seku era el DT del Estrella Roja…y coincide que en 1990 se celebraban los 45 años de ese equipo…imagínese veo toda su historia, las películas donde Seku jugó en la Selección; él fue denominado el Pelé blanco y me presenté y me trató bien; habló con nostalgia de Colombia…me invitó a quedarme en el equipo y de ahí me identifiqué tanto que así puse primer mi correo electrónico.

Pocos me dicen Seki…no saben que es por la admiración y por las atenciones allá en Belgrado.

(Mas adelante el Profe confesará que esa dirección electrónica tuvo que crearla además porque los jugadores extranjeros de la Selección no le contestaban los correos pero cuando veían que escribía Sekularac, llamaba la atención).

Profesor usted es un hombre muy de familia pero también del Fútbol. ¿Al fin qué le importa más?

Ellos dicen que más el fútbol. Mi familia es soporte emocional inmenso. Mi esposa es inteligente, sabe manejar esta situación, llevo más de 20 años fuera de la casa sacrificando momentos con mis hijos, la relación de pareja y ha sabido soportar. Más ahora con mis hijos en el exterior, ella hace los contactos.

Pero ella influencia sus alineaciones….

No, ella no. Mi mama, sí. Jajaja.

Estos días me encontré en Neiva, al Cachaza (Hernández) quien trabaja en las Inferiores del Huila y nos acordamos. Él sabe que mamá me braveaba sino no lo ponía de titular. Y entonces él me pregunta por mi vieja.

¿Volvería a la Selección?

Me lo preguntan mucho. (Titubea un poco). No sé si coincidan los momentos. Pero si se dan sin atropellar a nadie pues…miramos.

Publicada originalmente en la revista Bocas de EL TIEMPO, en mayo de 2017